La polémica por las tablas con clavos distribuidas en Olinalá dejó al descubierto un problema más amplio en San Pedro Garza García: los osos negros ingresan cada vez con mayor frecuencia a zonas habitacionales y las familias buscan cómo mantenerlos alejados sin ponerlos en riesgo.
El caso comenzó después de varios reportes de ejemplares entrando a viviendas en busca de alimento. Como respuesta, se difundió la entrega de aproximadamente 40 dispositivos de madera con clavos expuestos.
Parques y Vida Silvestre de Nuevo León rechazó esta práctica y presentó una denuncia ante Profepa, al advertir que los artefactos podrían lesionar a los animales.
La controversia continúa después de que la activista Cristina Marmolejo cuestionara la falta de detalles sobre el avance de las investigaciones y el destino de las tablas.
Mientras tanto, autoridades estatales y municipales han comenzado a evaluar alternativas disuasivas como cercos eléctricos especializados, siempre sujetos a revisión técnica y autorización, y han pedido evitar dispositivos improvisados capaces de lastimar a los ejemplares.
El reto permanece: reducir los encuentros dentro de las viviendas sin convertir a la fauna en el enemigo.
La propia autoridad estatal ha resumido el problema con una idea: prevenir que los osos entren, en lugar de recurrir a métodos que puedan herirlos.













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