Una controvertida estrategia utilizada por la DEA en Nuevo México permitió que grandes cargamentos de fentanilo permanecieran en manos de traficantes mientras agentes federales recopilaban pruebas para construir casos criminales de mayor alcance.
Una controvertida estrategia utilizada por la DEA en Nuevo México permitió que grandes cargamentos de fentanilo permanecieran en manos de traficantes mientras agentes federales recopilaban pruebas para construir casos criminales de mayor alcance.
La práctica, conocida como fentanyl walking, habría sido utilizada entre 2023 y 2025 y consistía en vigilar determinadas operaciones sin decomisar inmediatamente la droga.
Uno de los casos documentados ocurrió en Albuquerque en junio de 2023, cuando agentes siguieron una transacción en la que traficantes vendieron alrededor de 74 mil pastillas de fentanilo en un parque de casas móviles.
Las autoridades conocían las comunicaciones de la organización y estaban preparadas para intervenir, pero la operación continuó sin que la droga fuera asegurada.
David Howell, exagente de la DEA que posteriormente denunció internamente estas prácticas, aseguró que los agentes se limitaron a observar la transacción.
Otro exsupervisor afirmó que durante una investigación realizada en 2025 pudieron haber circulado cantidades todavía mayores de pastillas sin ser decomisadas.
La DEA rechaza haber permitido deliberadamente que el fentanilo llegara a las comunidades y sostiene que sus decisiones fueron legales, razonables y acordes con las directrices federales.
Ahora, el Congreso, el fiscal general de Nuevo México y el inspector general del Departamento de Justicia buscan esclarecer quién autorizó estas decisiones y cuál fue su impacto.













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