Dolly Parton pasó buena parte de su vida cubierta de lentejuelas, pedrería y el extravagante vestuario que convirtió en parte de su identidad. Para su despedida, sin embargo, quería algo mucho más sencillo.
Tras anunciar su muerte a los 80 años, su sobrino Bryan Seaver recordó que la cantante había dejado instrucciones para el momento de su partida y había pedido descansar en una cama de algodón suave.
El mensaje familiar destacó además la profunda fe cristiana de Parton y recordó a Carl Dean, su esposo durante casi seis décadas, quien murió en marzo de 2025. Seaver aseguró que la tristeza correspondía ahora a quienes permanecían, mientras Dolly finalmente podía descansar.
Los últimos meses de la artista estuvieron marcados por problemas de salud. Apenas días antes de morir había explicado que había descuidado su bienestar mientras cuidaba de Carl y que posteriormente tuvo que concentrarse en recuperarse.
A pesar de ello, Parton continuaba pensando en nuevos proyectos. Incluso había manifestado que todavía tenía muchas cosas por conseguir y permaneció vinculada a sus planes artísticos prácticamente hasta el final.
Su despedida termina contrastando con la imagen que construyó durante décadas: después de una vida de grandes escenarios, cabello rubio, vestidos brillantes y millones de discos, uno de sus últimos deseos fue simplemente descansar con comodidad.













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